- El tema de los nacionalismos ya lo hemos tocado muchas veces, nena; No pienso discutirlo otra vez.
Tras una respuesta irónica de mi amiga, empecé a notar que muchas de las caras de esa multitud, hasta ese momento anónima, nos miraban. De pronto, empezaron a lanzarnos objetos: piedras, trozos de madera...volaban en todas direcciones, y por más que mis amigos y yo intentabamos escondernos, no podíamos movernos.
Qué sueño más extraño.
- ¿Me has engañado?
- No papá, no me he levantado porque me siento mal.
- ¿Mal? Pero, ¿como acatarrada?
- Tampoco, simplemente tengo “mal cuerpo”.
Y menos mal que no he ido, ¡estos truenos anuncian una tormenta tremenda!
Intenté volver a dormir, pero sonó el móvil por segunda vez unos minutos después.
-Mariví, ¿dónde estás?
-Yo en casa, ¿por?
-Han puesto una bomba en la universidad
-Joder Iker, ¿estás bien?
-Sí, sí, ha sido en el central. Estoy intentado hablar con Burguete pero no me coge el teléfono.
-Joder, Burguete, pues ya le intento llamar yo también, ¿vale?
-Vale, vale, luego hablamos.
-Un beso, Iker.
Cuando las manos tiemblan sin control, los botones del móvil parecen hacerse más pequeños y encontrar el número de mi padre se hizo difícil.
-Papá, han puesto una bomba en el edificio central de la universidad. Igual Mikel está ahí y no sabemos nada de él.
Mi padre me contestó. Me dijo que tranquila, o algo parecido, pero yo ya no le escuchaba. De pie en frente de mi ventana, podía ver como una columna de humo se levantaba impetuosa hacia el cielo desde mi campus.
Después de terminar de hablar con papá, me eché en la cama y empecé a llorar. Aún olía a sueños, a un profundo dormir. Ojalá fuese un sueño, ojalá...
Hasta el momento hay 19 heridos leves y unos 40 coches perjudicados. Un balance alentador, dentro de lo que cabe. Pero miles de alumnos, profesores y trabajadores han tenido que vivir hoy eso...el TERROR y la angustia que provoca pensar que alguien cercano ha podido sufrir una peor suerte que ellos.
Por un instante fuimos uno, unidos por un sentimiento de rechazo, impotencia e incomprensión. ¿Por qué tu universidad? ¿Por qué el sitio en el que estás creciendo, en el que convives con gente de todas las edades, de todas la razas, de todos los rincones del planeta?
Personalmente, he recibido mensajes y llamadas de muchos amigos y se lo agradezco. Me pilló en casa, pero me pilló. Porque soy parte de esa comunidad, porque mis compañeros estaban ahí. Ayer precisamente estacionaba mi coche en ese mismo parquing y pienso: ¿y si en vez de ayer, hubiese sido hoy? “Menos mal que nuestros amigos están bien”, le dije a Ingrid cuando me llamó, pero al instante me arrepentí de haberlo dicho. Esas 19 personas que “pasaban por ahí” tienen una vida, que vale tanto como la mía o como cualquiera de las de mis amigos. No es justo que jueguen así con la gente. Sé que lo que digo no es nuevo, pero supongo que hasta que no te toca vivirlo tan de cerca, no terminas de entenderlo del todo.
Sólo me resta decir: soy UNAV y sigo esperando, al igual que muchos de mis compañeros, un llamado a la manifestación para decir NO AL TERRORISMO.

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